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Profundidad

La Paz

¿Qué es realmente la Paz? Se atribuye este “estado de gracia” a la finalización de todo tipo de conflicto, generalmente al de la guerrera. Y si ya no hubiera guerra en el mundo, ¿creen que la Paz se instalaría en cada hogar, en cada familia o grupo? Y si no existieran las agresiones físicas o mentales ¿creen que la paz afloraría en la humanidad?

Un destiempo épico

Desde mi simple lugar de observador, se sucede ante mí un destiempo épico, fuerza y poder de dioses enormes mientras busco en el sentir un ejercicio elevado, una lírica aún no dibujada que espera, que aguarda. Lo posible se abre en las palabras y el aliento en el infinito canto.

Elder

Vivir nuestro tiempo

Vivir nuestro Tiempo

Se acostumbraron al murmullo, al oleaje incierto que durante cientos de años el humano atesoró como propio. Se acomodaron en el dolor por siglos e inventaron que ,nosotros, las jerarquías encarnadas, vinimos a padecer también. Pero no fue así…

Y la incomprensión de nuestra historia, dejó huellas infinitas en las memorias de la humanidad; por ello, les digo hoy que nuestros mantos … los arrojamos a los desiertos, y que nuestros pies los despojamos de aquellas sandalias que marcaban nuestro destino final. Y así desnudos les mostramos quienes somos a toda la humanidad planetaria.

Vinimos a abrazar cada parte de su existencia y a recordarles su inmortalidad, pero también a hacerles comprender que su libertad llegará cuando conecten con su verdadero tiempo. Hoy no es ayer.

El arrullo de la mañana encandila a los frágiles corazones que una vez creyeron en mí y que hoy se deslumbran por los titileos de cuerpos quebrados por la aurora de sus promesas. Dejaron de verme y se cegaron. Comenzaron a creer que la materia es más poderosa que los mundos sutiles y se debilitaron sus cuerpos y sus mentes; sus palabras y sus ilimitados lazos cósmicos.

Tiempos que se mezclan y se viven como propios; que desgastan los pies y se acumulan en el verbo; que se enjambran en el corazón tapando la luz inmortal de cada panal cósmico. Sois parte de nosotros, ¿es que acaso ya lo habéis olvidado? Somos una misma esperanza.

Bendecimos vuestro camino desde las altas torres del firmamento infinito. Vuestro Tiempo es ahora, pero han de encontrarlo primero y beberlo después. Han de sentir su forma y su nobleza indeleble más allá del minutero humano y renacer, resurgir, inquebrantables, para erigir vuestra conciencia cósmica por arriba de toda vida adyacente.

Han de vivir unificando todos sus tiempos, vivir sin desterrar la vida encarnada, ni la muerte de la carne. Vivir sin desenlazarse del cosmos ni de sus cuerpos místicos. Vivir sin soltar la estela divina. Vivir recordándose en un continuo bucle que todo lo une y lo expande por siempre.

Anael

La valentía de aceptarnos

¿Somos capaces de ser nada? ¿Somos capaces de no emitir palabra? Hay tiempos que, en el mismo acto del transcurrir, la costumbre marca un determinado accionar. Y entonces vivimos instantes de múltiples vocablos, ideas, pensamientos, emociones. Nos contagiamos y sumamos tiempo en constante sucesión, volviendo a reiterar circuitos sin fin. Distraídamente, nos sumergimos en los laberintos de otros. Tomamos ideas que enarbolamos en su máxima potencia y más aún si nos descongestionan cualquier inquietud, y ni qué decir tiene si estas palabras amigas nos expulsan de algún estado de desesperación. Pero ¿seríamos capaces de escapar de la prematura memoria de calidez, de desdibujar el circuito que fue creado desde el seno cuando ante cualquier peligro, los brazos maternos fueron los más fuertes refugios? ¿Seríamos capaces de ser Nada? ¿De detenernos, observar y asumir?

La ignorancia de Uno, de nosotros mismos, nos hace vulnerables, nos arroja a compartimentos oscuros, lejos de la esencia. ¿Podemos ser capaces de lanzarnos en un acto sin piedad y afrontar la verdad universal donde nos espera la sabiduría como salvamento?  Quizá en ese melancólico vuelo resurja el tímido sentir de que no necesitamos a nadie para gritar, soltar y volver a diseñarnos. A veces jugamos a decir, a descifrar actos que nada tienen que ver con nuestro presente pero la voz amiga nos reclama, nos pide atención sobre ellos. ¿Y entonces podríamos no emitir palabra? Ay, pero cuánto remordimiento recaería sobre nosotros, sobre nuestras espaldas porque no nos permitimos experimentar la lejanía del saber escuchar y aún más del poder ayudar. 

 ¿Y si nos detenemos y le hablamos a ese impulso automatizado? ¿Y si observamos con voluntad esa atención innecesaria? Quizás el amor, quizás la calma, le darían al Otro el necesario tiempo para reforzar su único y sabio viaje. Es tiempo de observar con diplomacia las dos caras de la moneda donde muchas veces fuimos los que reclamamos y otras veces los que aconsejamos. En el proceso alentador de la existencia todo es, árbol y fruto, raíz y Tierra. Infinitos hilos sabios se recogen en cada interior esperando a que nuestra valentía sea el único impulso, el sublime soplo que nos traerá desde la esencia, el oxígeno de las palabras amigas. Acostumbrar a dejarnos permear de nuestra sabiduría, de que la elección como conciencias singulares y viajeras nos vuelve libres, en un tiempo y en un espacio, explorando el movimiento del Universo y el nuestro. Desdibujar y crear, materializar una realidad sin repeticiones, sin patrones donde el silencio nos encuentre dialogando.

Elder Lavergne

Vibraciones Eternas

Vibraciones eternas 
Ocupan el no espacio 
Silencio armonioso 
De partículas danzando 
Eones azules pasan a mi lado 
Memoria de punto, de circulo 
Pulso cósmico de todas las vidas 
Sin carne ni emoción 
Entera sostengo 
La cavidad del todo 
Existencia en esencia 
Sumergida me lleno 
De geometrías etéreas 
Mallas azules de refugios amorosos 
Distancia infinita 
Aromas y almas 
Instante completo 
Expansión sin líneas uniformes.

Elder

Elder

Los Hijos del Sol

Todo se rodea de luz. Y es así como veo vuestro existir. Miro cada rincón del espacio donde hoy decidí estar y todo se halla bajo un incesante brillo. Nada se detiene en el constante devenir del día. Miro hacia el Sol focalizando en mi mente, que no disimula en detenerse. Inquieta, me golpea, me empuja hacia el rincón donde sabe que guardo silenciosos interrogantes. Donde los recluyo para el momento donde sé que estaré sola con mi leve inspiración.

Vuelo a mirar hacia el Sol, cierro los ojos. Los tonos rojos varían de intensidad, bailoteo de puntitos, líneas encendidas, explosión de geometría sin dirección, lo sutil donde la relajación se confunde con la comodidad que me ofrece la tumbona donde hoy descansa mi cuerpo, en medio del espacioso jardín.

El tiempo se aleja de la sincronicidad del reloj y el espacio no cree en la distancia, así estoy saltando el horizonte, líneas lejanas,  haciéndome creer a mí misma que ustedes, conciencias, hijos del Sol, me escuchan. Y aunque creo pertenecer a la disciplina interna de ir avanzando con cautela, de tomar con delicado transitar aquello que se manifiesta como eterno, me invade una cercanía que resulta explosiva.

Sucede con total normalidad. Existimos ofreciendo, aportando nuestra esencia sin más. Nuestra naturaleza es inagotable. La luz surge de nuestra evolución, de nuestro avance hacia el Origen. El camino es nuestra existencia.

Siento salir del concepto de diálogo

Mientras se desdibuja la atención de mi mente. Los Hijos del Sol me estaban hablando ajenos a una añeja plataforma que sólo es distracción. Circuitos inconexos donde la palabra usa sonidos rotos, disfónicos.

Ellos habían captado esas zonas de mí, donde el anhelo había dejado de imponerse para aceptar con naturalidad que en el Universo todo es. Y que somos manifestaciones aportando la elevación. Expandida sin los límites del pensamiento me abandoné en aquella única dirección que se formó entre ellos y yo.

Ofrecemos luz hacia todo el sistema llamado solar, a lo que llamamos nuestra familia. Sustentamos la vida y por ello nuestra oferta es infinita, inagotable.

Ser es mucho más allá del ejercicio natural de ofrecer lo que somos. La luz que irradiamos a todos los planetas es toda nuestra sabiduría nacida y comprendida en nuestro centro, en nuestro núcleo. Y cada ciclo de expansión hacia el sistema solar se inicia como un camino ascendente que tiene su punto álgido para luego descender. Así nos expresamos hacia la vida que sustentamos. Buscamos la excelencia en nuestro existir. Observamos y ofrecemos bocanadas de partículas iniciadoras, ondas libres hacia cada rincón del Sistema Solar y mucho más allá, hacia experiencias infinitas.

Mientras me disipaba en la sutileza de la conexión, me reafirmaba en mi peculiar sentir con sabia insistencia en disfrutar sólo de los primeros rayos de sol de cada mañana y del ligero calor de los rayos del atardecer. Siempre alenté en mí la innegable conexión con el inquietante mundo de la naturaleza, sus leyes, su incomparable sabiduría donde el humano solo debe obedecer sin más. Y ahora esa forma innata que tanto me caracterizaba era sustentada por aquellas voces solares.

Sé que nada externo es capaz de subrayar lo que uno como sabia inteligente tiene en su esencia pero sentí la dulzura de sus palabras desdibujando aquella frontera que mi mente engañosa había delimitado. Los pensamientos crean ese espacio entre las formas llamadas imágenes y nosotros traspasamos con dulzura eso que el mismo pensamiento no se atreve a cruzar. Quise quedarme en el amor en una pertenencia infinita, mucho más allá, quise quedarme en una onda nacida de un centro solar.

Elder

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